"En segundos todos estábamos bajo la mesa": el testimonio del periodista de la BBC que asistía a la cena de corresponsales con Trump cuando ocurrió el tiroteo

- Autor, Gary O'Donoghue
- Título del autor, Corresponsal jefe de Norteamérica de BBC News, desde el Washington Hilton
- Tiempo de lectura: 4 min
Acababa de dejar los cubiertos sobre la mesa y casi no noté los estruendos que provenían de algún punto frente a mí, en dirección a la entrada principal del salón de eventos del Washington Hilton.
Tuve una especie de reacción auditiva de incredulidad.
A los pocos instantes pensé: es el sonido sordo de impacto que producen las armas semiautomáticas.
Como persona ciega, me concentro en los sonidos, y oí el estallido de cristales rotos.
Entonces sentí que la cabeza de mi colega Daniel —con quien acababa de hablar— rozaba la mía al pasar, y me di cuenta de que se estaba lanzando al suelo.
Así que lo imité.
Estaba de rodillas, bajo el mantel, casi seguro de la situación ante la que me encontraba: otro sábado por la noche, otro evento presidencial y en medio de otro tiroteo.
Yo estaba en Butler, Pensilvania, en julio de 2024 cuando el presidente estuvo a escasos centímetros de perder la vida.
Los momentos posteriores estuvieron plagados de gritos y gente corriendo.
Esta vez fue diferente ya que, en cuestión de segundos, estábamos todos bajo la mesa.
Otro colega me contó que, al oír los disparos, vio a decenas de personas entrar corriendo al salón de eventos desde el pasillo exterior.
Durante los cinco o diez minutos que permanecimos bajo la mesa, todos aguardábamos a ver si algún tirador había entrado también en la sala y estaba a punto de abrir fuego contra las 2.500 personas que asistían a la cena.
Un compañero me relató cómo había visto al Servicio Secreto, situado en el escenario a nuestras espaldas, evacuar apresuradamente al presidente Trump, a la primera dama Melania Trump y al vicepresidente J.D. Vance.
Otros agentes permanecían de pie, con sus cascos y chalecos antibalas, apuntando con sus armas hacia la multitud para detectar si existían más amenazas.

Fuente de la imagen, Reuters
Justo antes de la cena había visto al secretario de Salud, RFK Jr., en una pequeña sala contigua al salón de eventos.
Le pregunté si tenía ganas de que comenzara el evento y me respondió que tenía hambre y deseaba que empezara de una vez. Estaba sentado en una mesa no muy lejos de la mía.
Y a unos 30 metros detrás de nosotros —hacia las puertas principales— el director del FBI, Kash Patel, se encontraba en el suelo junto al resto de nosotros, protegiendo a su novia, mientras un agente del Servicio Secreto cruzaba corriendo el salón de eventos para acudir en su auxilio.
De inmediato, la mente se dirige al qué, al porqué y —en este caso—, especialmente, al cómo.
¿Cómo es posible que, de nuevo, un hombre armado haya logrado acercarse al presidente?

Fuente de la imagen, Getty Images
Todas las calles alrededor del hotel Hilton habían permanecido cerradas durante horas, acordonadas por las fuerzas del orden.
Sin embargo, la seguridad en el propio recinto no resultaba particularmente estricta.
El hombre que custodiaba la entrada exterior apenas echó un vistazo superficial a mi entrada, desde una distancia que calculo en unos dos metros.
Tomamos el ascensor para bajar al salón de eventos, donde un agente me pasó el detector de metales, aunque no mostró especial interés por los pitidos que provocaban los objetos que llevaba en el bolsillo interior de mi chaqueta.
No me pidieron que vaciara mis pertenencias.
En resumen, el dispositivo de seguridad parecía el de una cena habitual de los corresponsales de la Casa Blanca; una de esas a las que no asiste el presidente en ejercicio.
Mientras permanecíamos retenidos en el salón de eventos tras el tiroteo, intentábamos desesperadamente conseguir cobertura telefónica para transmitir la noticia y obtener más información.
Procuré no pensar demasiado en la magnitud de lo que acababa de suceder.
No obstante, sentí ese inconfundible escozor en los ojos; esa sensación que surge cuando la mente empieza a imaginar lo que podría haber ocurrido.
Y también a preguntarse cuántas situaciones como esta tendrá uno que vivir en este país antes de que se le agote la suerte.

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