Cómo las zonas prohibidas de Chernóbil y entre las dos Coreas se convirtieron en un santuario de la vida silvestre

Fuente de la imagen, Vasily Fedosenko/Reuters
- Autor, Daisy Stephens
- Título del autor, Servicio Mundial de la BBC
- Tiempo de lectura: 6 min
La selva amazónica, la Gran Barrera de Coral y parques nacionales como Yellowstone y Yosemite pueden venir a la mente cuando se piensa en santuarios para la vida silvestre.
Es poco probable que se piense de inmediato en la zona de exclusión de Chernóbil o en la zona desmilitarizada (DMZ) entre Corea del Norte y Corea del Sur. Pero eso es exactamente en lo que se han convertido.
En áreas donde los humanos no pueden vivir, la vida silvestre está prosperando. ¿Podría esta resilvestración accidental ser una lección para la conservación?
Más de 70 años sin humanos
El tránsito libre entre Corea del Norte y Corea del Sur se volvió imposible en 1953, después de que la DMZ, de 248 kilómetros de largo y 4 kilómetros de ancho, fuera trazada a lo largo de la península de Corea.
Las actividades en la DMZ son muy limitadas y el área está plagada de minas terrestres.
Pero los animales y las plantas no se ven disuadidos por ello.

Fuente de la imagen, Google Arts & Culture/Instituto Nacional de Ecología
El Instituto Nacional de Ecología de Corea del Sur afirma que 6.168 especies de vida silvestre habitan en la DMZ, entre ellas el 38% de las especies en peligro de extinción de la península.
El área ha tenido muy poca interferencia humana durante más de 70 años y ahora alberga especies como águilas reales, cabras montesas y ciervos almizcleros.
El área también alberga muchas plantas endémicas de Corea, lo que significa que no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra.

Fuente de la imagen, Google Arts & Culture/Instituto Nacional de Ecología
Seung‑ho Lee, presidente de The DMZ Forum, una organización que promueve la conservación en la zona, dijo que la naturaleza había sido "protegida accidentalmente por el armisticio".
"La naturaleza ha recuperado su propiedad. Muchos animales y las especies de aves, sobre todo, [han tenido] mayor acceso al área, mientras la mayor parte de la actividad humana ha desaparecido", afirmó.
Y muchas de las especies que viven allí, dijo, son de importancia mundial, incluidas grullas que viven en la DMZ pero que "vuelan por todo el mundo".

Fuente de la imagen, Germán Orizaola/Universidad de Oviedo
La DMZ de las Coreas no es el único refugio inesperado para la vida silvestre.
El 26 de abril de 1986, un reactor de la central nuclear de Chernóbil, en la antigua Unión Soviética —en lo que hoy es Ucrania—, explotó y liberó radionúclidos peligrosos a la atmósfera.
La contaminación radiactiva se propagó por miles de kilómetros cuadrados y cientos de miles de personas fueron evacuadas.

Fuente de la imagen, Reuters
Se estableció una zona de exclusión alrededor del sitio, que en gran medida sigue deshabitada.
El área se ha ampliado desde entonces y ahora cubre alrededor de 4.000 kilómetros cuadrados.
Según el Centro de Reino Unido para Ecología e Hidrología, sigue siendo uno de los lugares más contaminados radiactivamente del mundo.
El "Bosque Rojo"
Inmediatamente después de la explosión, los impactos ecológicos indirectos fueron graves, según Jim Smith, profesor de ciencias ambientales de la Universidad de Portsmouth, en Reino Unido.
Los árboles murieron y se volvieron de color "rojizo‑marrón" en una zona que ahora se conoce como el Bosque Rojo, y hubo daños en mamíferos y vida acuática, señaló.
Pero los elementos radiactivos emitidos por Chernóbil se desintegraron rápidamente.

Fuente de la imagen, Germán Orizaola/Universidad de Oviedo
"Las dosis de radiación bajaron muy rápidamente en los días y semanas posteriores al accidente, y lo que queda en la zona es una radiación crónica de bajo nivel durante décadas", sostuvo.
Estos niveles no son seguros para la habitabilidad humana a largo plazo, pero para otras especies es una historia diferente.
"La vida silvestre está prosperando en Chernóbil (…) sin ninguna duda, creo que la zona de exclusión es mucho más diversa y abundante ecológicamente de lo que era antes del accidente", afirmó.
"Hemos estudiado peces en los lagos, incluido el estanque de enfriamiento [nuclear]. Hemos estudiado insectos acuáticos, y descubrimos que los lagos más contaminados son igual de diversos y abundantes en comunidades acuáticas que los lagos casi no contaminados en el área", añadió.

Fuente de la imagen, Valeriy Yurko
Los mamíferos también parecen estar a gusto en la zona de exclusión.
"Analizamos si podíamos ver una diferencia en las poblaciones de mamíferos entre las áreas más contaminadas y las menos contaminadas, y no pudimos", indicó Smith.
"La única diferencia que vimos fue en la población de lobos, que fue siete veces mayor en Chernóbil que en otras reservas naturales de la región", aseguró.
"Que la naturaleza sea naturaleza"
El hecho de que la vida silvestre pueda desarrollarse mejor en una zona radiactiva que fuera de ella puede parecer sorprendente, pero tiene lógica.
"Es un área enorme, libre para la vida silvestre, sin ruido, sin luces, sin pesticidas, sin herbicidas, sin explotación forestal, sin agricultura", dijo Germán Orizaola, profesor de zoología en la Universidad de Oviedo, en España.
"La presión humana es muchísimo peor para la naturaleza que el peor accidente nuclear de la historia", agregó.

Fuente de la imagen, Valeriy Yurko
Smith coincidió.
"Lo que he aprendido de Chernóbil es que (…) nuestra ocupación de un ecosistema es el daño real", dijo, y añadió que otras cosas, como la contaminación, son importantes pero "secundarias".
"[Chernóbil] es un ejemplo poderoso de lo que puede hacer la resilvestración", afirmó.

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Orizaola cree que el sitio muestra qué tipo de estrategias de conservación funcionan.
"A menudo tenemos estas reservas naturales y parques nacionales o lo que sea, pero se convierten en una mezcla de atracciones turísticas y algún tipo de explotación humana, y no funcionan para la conservación de la naturaleza", aseguró.
"[Chernóbil] es un lugar maravilloso, es un lugar realmente asombroso (…) Si de verdad quisiéramos preservar la naturaleza, la mejor receta es reducir nuestra presión sobre los territorios y dejar que la naturaleza sea naturaleza", expresó.

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