"Hermana, pensé que íbamos a morir": las horas de caos y angustia que viví hasta localizar a mi familia tras los terremotos en Venezuela

Edificio caído en Caracas

Fuente de la imagen, AFP via Getty Images

Pie de foto, Varios edificios fueron destruidos por el terremoto en Caracas.
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 6 min

A las 6:06 de la tarde, hora de Caracas, recibí un audio por WhatsApp de mi hermana Verónica que decía: "Acaba de temblar horrible, está temblando todavía".

Ella jadeaba como si estuviera corriendo y la voz de mi madre sonaba en el fondo, demasiado lejos como para entender lo que decía.

"El apartamento se quebró todo. Esto fue fortísimo", dijo Verónica con la respiración entrecortada. "Estamos en la casa".

Apenas dos minutos antes, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) había registrado un primer sismo en Venezuela de magnitud 7,2 en la escala de Richter. Y 39 segundos después, ocurrió una sacudida peor que la primera, de 7,5.

Una vez que terminé de escuchar el audio, llamé a Verónica por WhatsApp. Ella vive en la primera avenida de Los Palos Grandes, conocida como una zona de alto impacto sísmico, a juzgar por el recuerdo de caraqueños como mi madre, que vivieron el gran terremoto de Caracas en 1967.

Como este miércoles era feriado en Venezuela, mi hermana y mi madre se habían reunido para pasar el día juntas. De lo contrario, habrían estado separadas al momento del terremoto, cada una ocupada en sus labores habituales.

La llamada repicó, pero Verónica no contestó. Llamé a mi madre por la misma app de mensajería, pero tampoco respondió.

Cuerpos de rescate Caracas

Fuente de la imagen, AFP via Getty Images

Pie de foto, Cuerpos de rescate intentan rescatar a las víctimas del terremoto bajo los escombros en Caracas.

Los mensajes no llegan

Pregunté en un chat de varios amigos periodistas que viven en Caracas si alguien podía ayudarme a entender la escala de lo que estaba pasando. "¿Hubo un temblor en Caracas?", les pregunté a las 6:09 de la tarde.

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"Jodido", dijo uno. "Uff, durísimo", contestó otro. "HORRIBLE", escribió la tercera en mayúscula sostenida. Les conté lo que había dicho mi hermana en el mensaje y uno de ellos contestó que seguramente había perdido la señal.

Aunque ellos estaban chateando, decían que las líneas telefónicas e internet estaban caídos. Le pedí a mi hermana que me devolviera la llamada, pero el mensaje mostraba una sola marca de verificación.

Los mensajes no llegaban.

Los chat individuales y grupales de WhatsApp comenzaron a pitar uno tras otro: alerta de terremoto en Venezuela con afectación en Colombia, Trinidad y Tobago y las Antillas Holandesas; alerta de tsunami…

Le pedí a uno de los amigos periodistas que intentara llamar a mi hermana desde su línea venezolana, a ver si podía localizarla.

Mientras él la contactaba, comencé a escanear mis contactos de WhatsApp para priorizar a quién llamar primero. ¿Qué habría pasado con mi tía en La California? ¿Y mi tío que vivía en Aragua? ¿Y mi prima de Portuguesa?

Amigos del colegio, que también viven fuera de Venezuela, me escribieron para preguntar cómo podían localizar a sus respectivas madres en Caracas. Ya habían escrito a otros familiares y vecinos y nadie respondía.

"Ahí seguro hay un montón de muertos"

En los chats de periodistas comenzaron a llegar videos de gente que gritaba y lloraba, mientras intentaba salir de sus edificios. Unos alzaban a sus perros, mientras se desprendían pedazos de paredes de los pisos superiores.

¿Qué habría pasado con nuestros gatos?

De pronto, una amiga preguntó en un chat si alguien conocía a vecinos que vivieran en la primera avenida de Los Palos Grandes. Al parecer se había caído un edificio.

Le escribí por privado para pedirle más información y me envió un video de un edificio que se había desintegrado como una galleta. Lo reconocí de inmediato: quedaba unos metros más abajo del bloque donde estaban mi madre y mi hermana.

En otro video, tomado desde la misma calle más abajo, se veía otro edificio que había caído. Pero esta vez no logré situarme. Abrí Google Maps para entender la ubicación desde la esquina, pero me ganó la confusión y temí que pudiera ser el de mi hermana.

Para ese momento, ya circulaban videos de los estragos del terremoto en otras zonas de Caracas como San Bernardino, donde también habían caído edificios; el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar en el estado de La Guaira y otras zonas del interior del país.

El gobierno no había reportado cifras de muertos ni heridos, aunque en varios videos que circulaban por redes sociales se repetía el mismo comentario de los testigos de las estructuras caídas: "Ahí seguro hay un montón de muertos".

"Prácticamente me quedé sin casa"

En el aluvión de mensajes que recibía por los chats, sonó el de los periodistas. Uno de ellos había logrado comunicarse con mi hermana y la puso en altavoz.

"Hola Herma, estamos bien", dijo Verónica. "Estamos en la esquina fuera de la casa. El edificio se quebró todo, están rajadas las paredes. No tengo señal, no logro comunicarme".

Aquel mensaje me devolvió la cordura. Logré entender el mapa y ubicar los edificios que se habían caído. Un amigo me dijo que probablemente su apartamento ya no era "habitable".

Otra amiga mandó un video que tomó en la sala de su casa, repleta de escombros que se desprendieron de las paredes.

"Estoy bien, pero prácticamente me quedé sin casa. Los quiero".

Un amigo que vive cerca del Panteón Nacional, en el centro de Caracas, dijo que ningún cuerpo de rescate había llegado a la zona para auxiliar a las personas que vivían en los edificios más afectados.

Personas tras el terremoto en Caracas

Fuente de la imagen, AFP via Getty Images

Pie de foto, Las personas que vivieron el terremoto estaban asustadas, en medio de las réplicas.

"Pensé que íbamos a morir"

Cuando mi hermana logró recuperar la conexión de internet, dos horas después de su primer audio, me llamó para decirme que estaban a salvo, aunque probablemente también había perdido su casa.

Dijo que su teléfono y el de mi madre habían sonado de una forma extraña segundos antes del primer terromoto. Cuando miró la pantalla, descubrió una alerta de temblor de Google.

Como había tantas réplicas y el edificio se había quedado sin luz, no se atrevía a volver para verificar si las grietas de las paredes eran tan graves como le había parecido cuando comenzaron a caer pedazos del techo durante la sacudida.

Me explicó cómo se refugiaron en el área del apartamento que les pareció más segura. Los gatos se escondieron debajo de la cama, así que tuvo que sacarlos a rastras para meterlos en el kennel y llevárselos.

Mi madre dijo que el terremoto de 1967 no podía compararse con esta experiencia. Esta vez la sacudida había sido mucho más prolongada y más intensa.

"Nunca pensé que viviríamos algo como esto", me dijo con la voz entrecortada, con el tono que adopta cuando intenta disimular el llanto para no preocuparme.

"Herma, pensé que íbamos a morir", me dijo Verónica antes de colgar. Mañana volverá a casa a ver si todavía tiene un lugar dónde vivir.

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