"Los ilegales": cuáles son los vínculos con América Latina del programa de espionaje más secreto de Rusia

El presidente ruso, Vladimir Putin (al fondo, en el centro a la derecha), se reúne con ciudadanos rusos liberados tras el intercambio de prisioneros entre Rusia y Estados Unidos en Turquía el 1 de agosto de 2024.

Fuente de la imagen, Reuters

Pie de foto, El presidente ruso, Vladimir Putin (al fondo), recibió el 1 de agosto de 2024 a ciudadanos rusos liberados tras el intercambio de prisioneros entre Rusia y EE.UU.
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  • Tiempo de lectura: 17 min

Parece una historia salida de una serie de televisión y, de hecho, se convirtió en una muy exitosa: una pareja canadiense que lleva 11 años viviendo en EE.UU. y con hijos estadounidenses, son detenidos por el FBI por ser en realidad rusos y espiar para ese país. Y los primeros sorprendidos son sus dos hijos.

La pareja es Donald Heatfield (nombre real Andrey Bezrukov) y Tracey Lee An Foley (Elena Stanislavovna Vavilova). La serie televisiva se llamó The Americans y se emitió de 2013 a 2018.

Ambos fueron arrestados en junio de 2010 junto a otros ocho espías, entre ellos una pareja que pasaba por peruana (ella sí lo era, él era ruso).

Tras una breve detención, las diez personas fueron intercambiadas en Viena el 19 de julio de ese mismo año por cuatro prisioneros rusos que habían sido condenados en su país por espiar para EE.UU. y Reino Unido.

Esa noticia fue el hilo que empezó a jalar Shaun Walker, corresponsal en Europa central y del este del diario británico The Guardian, para investigar la historia del programa clandestino conocido como "Los ilegales", que culminó en un libro del mismo nombre publicado en inglés en 2025 y en español este año.

Y vaya historia que es: cubre los 115 años del "programa de espionaje más secreto de Rusia", desde antes de la Revolución hasta nuestro días. Pero mejor que sea el propio Walker ―‍que está presente en el Hay Festival de Querétaro 2026―‍ quien la cuente.

Fotografía en blanco y negro de Tito, a la izquierda y Grigulevich. Ambos están de traje y los separa una mesita con un gran ramo de flores.

Fuente de la imagen, Museo de Yugoslavia

Pie de foto, Un extraordinario registro fotográfico: el entonces presidente de Yugoslavia, Iosif Broz Tito, reunido en abril de 1953 con Iosif Grigulevich, quien estaba bajo su disfraz de Teodoro Castro, un diplomático costarricense.
Shaun Walker con lentes

Fuente de la imagen, Kasia Strek

Pie de foto, Shaun Walker trabaja como periodista en la región de Europa central y oriental con The Guardian desde 2014.

Tu libro "Los ilegales" es, de alguna manera, una historia de Rusia y de la Unión Soviética desde principios del siglo XX hasta ahora. Atraviesa todos los grandes acontecimientos: la creación de la Unión Soviética, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, la invasión de Afganistán y la era de Putin. ¿Cómo te interesaste por este tema?

Me interesé cuando estuve destinado en Moscú como periodista durante muchos años.

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Estaba allí en 2010 cuando diez ilegales fueron detenidos en EE.UU. y deportados de vuelta a Rusia en un intercambio de espías. Fue la primera vez que oí hablar de ellos.

Parecía una idea loca que algunos espías habían sido enviados a EE.UU. en los años 80 y durante décadas habían permanecido encubiertos. 30 años después los estaban enviando de regreso a Rusia.

Unos años más tarde, conseguí entrevistar a dos de los hijos de una pareja que tenían 16 y 20 años en 2010 cuando sus padres fueron arrestados en Boston.

Habían nacido en Canadá y crecido pensando que eran canadienses. Se convirtieron en ciudadanos estadounidenses naturalizados y luego, en el verano de 2010...

Estos eran los hijos de Andrey y Elena.

Sí. Andrey y Elena, cuyos nombres falsos eran Don y An. Conocí a estos dos jóvenes y me contaron sobre cómo crecieron sin sospechar que sus padres eran rusos y luego, de repente, un día, el FBI llegó, sus padres fueron deportados y ellos terminaron en Rusia, donde nunca habían estado antes, tratando de reconstruir qué demonios había sucedido con sus vidas.

Era una historia fascinante. Escribí un artículo y empecé a pensar: intentemos averiguar más sobre este programa. Tal vez pueda escribir un libro.

Y de hecho, como decías, cada vez que retrocedía un poco más, descubría que no era solo una historia de la era Putin o de la Guerra Fría. Se remontaba a las décadas de 1920 y 1930. E incluso antes que eso. Todo el origen está en la clandestinidad bolchevique.

Así que decidí convertir este libro en algo que, por un lado, fuera una colección de historias de espías fascinantes y, por otro, una especie de historia en la sombra de la Unión Soviética y su colapso.

Es fascinante que comenzara con Lenin, con la clandestinidad bolchevique, antes de la misma creación de la URSS.

Toda la idea de los ilegales, la distinción entre espías legales e ilegales, surge de ese movimiento clandestino, donde los legales eran aquellos que utilizaban las oportunidades políticas existentes en la época: presentándose a la Duma ―‍el parlamento del zar―‍ y haciendo las cosas que podían hacer legalmente.

Y luego estaban los operadores ilegales, que trabajaban encubiertos, hacían actos de sabotaje, explosiones, organizaban milicias secretas, etcétera.

Cuando los bolcheviques toman el poder, tienen el país rodeado de enemigos, sin servicio diplomático y sin las formas habituales por las que un Estado enviaría espías al extranjero, pero sí cuentan con muchos comunistas apasionados.

Muchos hablaban varios idiomas, estaban acostumbrados a vivir en la clandestinidad y a utilizar nombres falsos.

Entonces recrean esa estructura clandestina del partido como el primer servicio de inteligencia de la Unión Soviética.

Foto en blanco y negro de Lenin sentado en su escritorio con un ejemplar del periódico Pravda en sus manos.

Fuente de la imagen, Corbis via Getty Images

Pie de foto, Vladimir Ilich Lenin

El programa cambia con el tiempo y con el enemigo. Primero fueron Gran Bretaña y Alemania, pero luego, después de la Segunda Guerra Mundial y con el comienzo de la Guerra Fría, pasó a centrarse en Estados Unidos.

En el inicio del programa de ilegales, lo que más preocupaba al gobierno soviético era una posible intervención de las potencias capitalistas.

Y claro, en esa época EE.UU. no era un actor importante en el continente europeo. Así que Alemania y especialmente Gran Bretaña, eran considerados los principales objetivos.

La otra preocupación eran los emigrados blancos, los rusos que vivían en Europa y querían restaurar el orden zarista.

Luego está este período de las décadas de 1920 y 1930, con personajes muy peculiares que ni siquiera necesitaban entrenamiento. Ya sabían cómo comportarse en la clandestinidad.

Además, los pasaportes y documentos eran mucho más fáciles de conseguir. Podían ser alemanes hoy, húngaros mañana y rumanos el viernes.

¿Qué ocurre después de la Segunda Guerra Mundial?

Primero, durante las purgas estalinistas, muchos de estos ilegales fueron ejecutados por su propio bando porque eran sospechosos de ser capitalistas secretos por haber vivido en el extranjero.

Luego comienza la Guerra Fría y, por supuesto, el principal enemigo pasa a ser EE.UU.

Al mismo tiempo, EE.UU. y los países europeos invierten mucho más en contrainteligencia. Así que si eres un oficial de la KGB trabajando en la embajada rusa en Washington, Londres o París, cada vez que sales por la puerta te siguen. Ya no puedes mantener el mismo tipo de reuniones que antes.

Entonces la KGB piensa: tenemos este gran sistema de ilegales. Resucitémoslo para el nuevo escenario de la Guerra Fría.

Pero dos cosas han cambiado. La primera es que ya no existe aquel grupo de comunistas cosmopolitas y políglotas, porque la URSS se ha convertido en un Estado mucho más cerrado.

Y la segunda es que las misiones se vuelven mucho más largas. Ya no se trata de enviar a alguien una semana con un pasaporte falso. Es crear una identidad falsa realmente sólida y enviar a alguien a EE.UU. durante muchos años.

Ellos pueden hacer el trabajo que es demasiado arriesgado para los funcionarios de la embajada porque son vigilados.

Con el tiempo, los ilegales empiezan a utilizarse más como agentes durmientes.

Piensan: tenemos la Guerra Fría. Quizá algún día se vuelva una guerra real, expulsen a todos nuestros diplomáticos y entonces tendremos células de ilegales que podremos activar.

De alguna manera se profesionalizó el ser ilegal. Incluso querían hacerse pasar por ciudadanos estadounidenses.

Normalmente la situación ideal era hacerse pasar por ciudadanos de un tercer país. Por ejemplo, si tu identidad era austríaca, podrías vivir en Estados Unidos como austríaco, porque sería más fácil. Habría menos preguntas sobre tu acento y tus antecedentes.

Pero efectivamente, conseguir un pasaporte estadounidense era visto como un sueño. Crear una identidad falsa hasta el nivel de obtener un pasaporte estadounidense.

Y eso ocurrió. Hubo personas que vivieron durante muchos años como estadounidenses en EE.UU.

Foto en blanco y negro de Trotski con un libro en la mano en los jardínes de su casa en Coyoacán, Ciudad de México. Un camarógrafo lo filma.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Trotski filmado en su casa en el barrio Coyoacán, en Ciudad de México, donde sería asesinado por órdenes de Stalin. La casa es ahora un museo en su memoria.

Hay un personaje fascinante, Iósif Grigulévich, un judío lituano que se hizo pasar por un diplomático costarricense llamado Teodoro Castro y que más tarde fue enviado por el propio Stalin para intentar matar a Tito. También estuvo involucrado en los planes para matar a Trotski, en el primer intento de asesinarlo en Ciudad de México.

Así es. Él dirigía el grupo que intentó matar a Trotski y fracasó. Fue uno de los pocos fracasos de su carrera.

En ese momento se hacía pasar por un francés. Eso fue en la década de 1930.

Después tuvo varias identidades. Había pasado parte de su juventud en Argentina, así que allí aprendió español.

Luego utilizó una serie de identidades latinoamericanas distintas. Y creo que a finales de los años 40 estaba en Chile, donde se hizo amigo de alguien que conocía al cónsul costarricense en Chile.

Entonces encontraron un artículo de periódico sobre un terrateniente costarricense que había muerto recientemente. Él fue a ver al cónsul y le contó una historia sobre que era el hijo ilegítimo de ese hombre y que había tenido que abandonar Costa Rica cuando era niño.

Ya con pasaporte costarricense se establece en Italia a finales de la década de 1940, que por supuesto era uno de los grandes campos de batalla donde el comunismo y el capitalismo se enfrentaban.

El Partido Comunista de Italia era el más poderoso de Europa

Sí. Y es probablemente la historia más extraordinaria del libro. Este hombre, que nunca había estado en Costa Rica, se establece en Roma como un empresario costarricense y conoce a toda la comunidad diplomática latinoamericana.

Encanta a todo el mundo. Y cuando una delegación de políticos costarricenses visita Roma, él está tan bien relacionado que les consigue una reunión con el Papa.

Los impresiona tanto que deciden que este hombre debería ser su embajador en Roma. Y es nombrado.

Portada del libro "Los ilegales"

Fuente de la imagen, Cortesía

Pie de foto, La traducción al español del libro de Shaun Walker fue publicada este febrero.

Y José Figueres, una de las figuras principales de la Costa Rica moderna y que llegó a ser presidente, se hizo amigo suyo.

Exactamente. Hay una historiadora costarricense que también escribió un libro sobre él, basándose en documentos encontrados en los archivos de su país, y me envió algunos de esos documentos.

Es extraordinario porque, básicamente, este hombre fue su embajador durante cuatro años. Hacía un trabajo magnífico.

Y entonces, un día de 1953, simplemente desaparece. Y no tienen ni idea de qué pasó con su embajador en Roma hasta unos 40 años después, a principios de los 90, cuando se abren los archivos soviéticos y descubren que en realidad era un hombre que se hacía pasar por costarricense.

Y otra de las historias fascinantes es que él quería, como costarricense, iniciar relaciones diplomáticas con Yugoslavia. Y entonces Stalin, que odiaba a Tito casi tanto como a Trotski, quiso utilizarlo para matarlo.

Este es uno de esos casos increíbles que casi cambiaron la Historia.

Tenían a este hombre acreditado como embajador en Roma. Asiste a una reunión de Naciones Unidas en Francia y allí conoce a la delegación yugoslava. Como no existían relaciones diplomáticas entre Costa Rica y Yugoslavia, propone establecerlas, sugiriendo que Costa Rica podría exportar café y cacao e importar maquinaria pesada yugoslava.

Obtiene el visto bueno de San José y secretamente el de Moscú, y consigue ser acreditado y viajar varias veces a Belgrado.

Luego, como embajador acreditado, se le invita a presentar sus cartas credenciales a Tito en una reunión oficial.

En ese momento Moscú y Belgrado no tienen relaciones diplomáticas. Ya se habían producido varios intentos de matar a Tito, pero este había eliminado de su entorno a todos los estalinistas.

Y entonces llega al escritorio de Stalin la idea de que tienen un agente perfectamente situado para hacerlo. Así que, en la primavera de 1953, antes de la reunión prevista, empiezan a estudiar distintos escenarios para matar a Tito.

Algunas ideas eran extraordinarias. Una consistía en liberar una especie de polvo biológico durante la reunión, tras haberse inyectado previamente una vacuna para quedar inmunizado. Había varios dispositivos explosivos. Incluso se contempló la posibilidad de dispararle.

No tenemos constancia de qué pensaba Grigulévich, pero imagino que debía creer que era una misión suicida. Y para entonces estaba disfrutando bastante de su vida de cocteles diplomáticos y vida social en Roma.

Sin embargo, era un servidor leal y aceptó seguir adelante. Pero unas semanas antes de que el plan llegara a su fase final, Stalin murió y toda la operación fue cancelada.

Foto en blanco y negro de Tito haciendo un saludo marcial y rodeado de marinos ingleses en posición de firmes.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, El mariscal Tito durante una visita a Reino Unido en 1953, año en que Stalin planeó asesinarlo con un espía ruso que se hacía pasar por un diplomático costarricense.

Pero él llegó a reunirse con Tito en Belgrado.

Sí. La reunión se celebró.

De hecho, conseguí encontrar en los archivos de Belgrado el informe oficial redactado por el transcriptor de Tito sobre aquella reunión con el embajador costarricense.

Teodoro Castro aparece bromeando, halagando a Tito, haciendo chistes sobre los soviéticos y los estadounidenses, y presentando a Costa Rica como una especie de país de tercera vía con el que Yugoslavia podía tener excelentes relaciones.

Y hay una nota muy divertida al final de ese documento de cuatro páginas.

La escribió el traductor y dice: "Después de que el embajador de Costa Rica se marchara, el camarada Tito comentó: tiene un gran sentido del humor, pero claramente está intentando halagarme porque quiere conseguir un acuerdo económico".

Tito se dio cuenta de que intentaba halagarlo, aunque por razones muy diferentes a las que imaginaba.

Este hombre regresó a Moscú en 1953, pero ya no volvió a actuar como ilegal...

Regresó a Moscú ese año y estaba desesperado por seguir trabajando. Les rogaba que lo enviaran a otra misión con una identidad diferente. Quería volver a América Latina.

Pero las nuevas autoridades le dijeron que no.

Primero, porque esa identidad de cobertura ya era demasiado conocida.

Y segundo, porque todo el programa de ilegales estaba cambiando. Se estaba volviendo mucho más burocrático y ya no había espacio para personajes libres y virtuosos como él.

Finalmente aceptó de mala gana. Acabó convirtiéndose en académico en una universidad de Moscú. Escribió numerosos libros bajo un seudónimo. Ninguno de sus colegas sabía demasiado sobre su pasado.

Una de las cosas más sorprendentes es que uno de los libros que escribió fue una biografía del artista mexicano David Siqueiros.

Que había participado en aquel primer intento de asesinato contra Trotski.

Sí, pero en ninguna parte de la biografía se menciona que el autor ayudó al protagonista del libro a organizar un intento de asesinato contra Trotski.

Murió en 1988, justo antes del colapso de la Unión Soviética y antes de que se hiciera pública cualquier información sobre él.

Su hija sigue viva. Nació cuando aún estaban en Roma. También es académica y ahora tiene más de 80 años.

Se negó a hablar conmigo, pero es una familia realmente fascinante.

En el libro muestras las diferentes transformaciones de los ilegales y de su programa. En 1979, aparecen los ilegales combatientes que participan en la invasión de Afganistán.

A finales de los años 70 y principios de los 80 existe una sensación muy fuerte de que la Guerra Fría puede volverse una guerra real. El hombre que ahora dirige la unidad de ilegales, Yuri Drozdov —que había sido un ilegal—, se obsesiona con la idea de crear agentes más rápidos y más rudimentarios, entrenados como fuerzas especiales.

No se trata de personas que necesiten pasar diez años viviendo perfectamente encubiertas. Se trata de personas que, si estalla una guerra con EE.UU., podrían embarcar desde Cuba, llegar a Florida y hacerse pasar por turistas o algo parecido.

Así que se establece una zona de entrenamiento cerca de Moscú y se entrena a un grupo de estas personas durante seis meses en técnicas de fuerzas especiales.

La primera y principal ocasión en que se utilizan es, como mencionaste, justo antes de la invasión soviética de Afganistán, durante el golpe en el que Hafizullah Amin, el líder comunista que había roto con Moscú, es reemplazado.

Tanque soviético cruza por un villorio en Afganistán

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Las primeras tropas terrestres soviéticas ingresaron a Afganistán casi de manera simultánea con el asesinato del líder afgano y antiguo aliado Hafizullah Amin.

Luego vienen los "ilegales voladores", que son los que nos acercan a la época actual. Turistas que viajan para realizar asesinatos y otro tipo de ataques en Europa.

Sí, para misiones de corta duración.

Una de las cosas extrañas que sucedieron con los ilegales es que, como resultaba tan difícil crearlos y el entrenamiento era tan largo, paradójicamente la KGB empezó a preocuparse más por utilizarlos para operaciones de espionaje realmente arriesgadas.

Si has pasado ocho años preparando a una persona y durante la primera semana tiene que intentar asesinar a alguien, algo sale mal y es capturada, has desperdiciado ocho años de entrenamiento.

Para mí, el libro comienza con historias increíbles de espías, asesinatos, reclutamientos y todo ese tipo de cosas. Pero termina, en el período soviético tardío, convirtiéndose más en una historia sobre los efectos psicológicos de vivir bajo estas identidades, porque en realidad el espionaje que estaban realizando ya no era tan impresionante.

Y luego llegamos a la época más moderna. Cuando se derrumbó la Unión Soviética ocurrió algo importante: los rusos empezaron a viajar.

Si observas a la CIA o al MI6, ellos tienen conceptos similares. Tienen espías en las embajadas y espías que aparentan ser hombres de negocios, vendedores o profesionales.

Los soviéticos no podían hacer eso porque prácticamente no había empresarios soviéticos viajando al extranjero. Incluso si eras periodista o una figura cultural, la gente sospechaba que eras espía.

Pero después de 1991, de repente hay cientos de miles de rusos viajando por el mundo. Y se vuelve fácil actuar de esa manera.

Pero eso cambió con la invasión de Ucrania y el aislamiento de Rusia respecto a Occidente. Ahora es mucho más difícil para los rusos obtener visas de turistas y viajar.

Y eso vuelve a hacer más atractiva la utilización de identidades extranjeras para los ilegales.

Hubo un lapso de tiempo entre la caída de la Unión Soviética y el regreso de Putin al poder en el que existió una especie de limbo para los ilegales desplegados en el extranjero como agentes durmientes. ¿Cuándo decidió Putin reactivar de nuevo el programa?

Hubo un período en los años 90 en el que estaba completamente muerto. Luego Putin llega en 1999 y 2000 con la misión de restaurar los servicios de inteligencia.

Una de las fechas clave que me han mencionado varias fuentes occidentales de inteligencia es 2004. Fue un momento en el que Putin decidió destinar mucha más financiación a una nueva generación de ilegales.

Pero una de las cosas interesantes es que existían ilegales desplegados en EE.UU. y algunos más fueron enviados allí durante la era Putin.

Sin embargo, los estadounidenses habían reclutado a una persona del SVR, el sucesor de la inteligencia exterior de la KGB, quien reveló toda la información sobre esos ilegales.

El resultado fue que en 2010 todos fueron arrestados y el programa quedó completamente destruido.

Fue otro de esos momentos, como 1937 o 1991, en los que uno piensa: seguramente este es el final.

Pero desde 2022 nos hemos dado cuenta de que existe una generación nueva de ilegales, muchos de ellos con identidades latinoamericanas, que fue creada después de 2010 y que sigue siendo una parte clave del aparato de inteligencia ruso.

Los últimos casos que se conocen públicamente son personas con identidades latinoamericanas, varios brasileños y aquella pareja que vivía en Eslovenia y se hacía pasar por argentina. ¿Por qué ese enfoque en América Latina?

Creo que es una mezcla de varias cosas.

La primera, es bastante evidente. Si pensamos dónde podrían obtener los rusos identidades para este programa, tiene que ser un lugar donde exista al menos una posibilidad creíble de que un ruso pueda hacerse pasar por alguien de ese país.

Así que podemos descartar gran parte de África y Asia.

Después, tiene que ser un lugar donde los registros de nacimiento y otros documentos aún no estén completamente digitalizados. Por eso podemos descartar gran parte de Europa.

Además, debe ser un lugar donde la parte legal del espionaje ruso, es decir, los agentes que trabajan desde las embajadas, todavía tenga una presencia significativa, porque necesitarán reclutar a personas en registros civiles o ayuntamientos para introducir estas identidades falsas.

Porque una de las formas en que esto suele funcionar es que encuentran, por ejemplo, a un niño peruano que murió a los tres años y luego aparece alguien diciendo: "Soy ese niño".

Una de las cosas interesantes del hombre ese que fue detenido en Eslovenia bajo nombre argentino es que en su pasaporte figuraba que había nacido en Namibia.

Creo que lo que probablemente ocurrió fue que un oficial de inteligencia ruso en Namibia encontró una lista de parejas argentinas fallecidas allí.

Y pensó: muy bien, tenemos a estas personas. Vamos a inventarles un hijo. Hemos reclutado a alguien en el registro civil. Digamos que en 1972 estos dos argentinos tuvieron un hijo.

Entonces se toma esa identidad, se va a Argentina y dice: "Nací en Namibia. Nunca obtuve la ciudadanía argentina, pero mis padres eran argentinos".

Vladimir Putin, con un ramo de flores en la mano, recibe a una pareja que desciende de un avión. La mujer parece feliz.

Fuente de la imagen, Kremlin Press Office/Handout/Anadolu via Getty Images

Pie de foto, Vladimir Putin recibe en 2024 a la pareja rusa que fue detenida en Eslovenia acusada de espionaje y que tenían identidades argentinas.
Vladimir Putin, con un ramo de flores en la mano, abraza a una mujer.

Fuente de la imagen, Kremlin Press Office/Handout/Anadolu via Getty Images

Todo el proceso lleva muchísimo tiempo y requiere enormes esfuerzos, pero al final se obtiene un documento auténtico.

Uno de los problemas actuales para Rusia, creo yo, es la inteligencia artificial. Ahora es mucho más fácil detectar este tipo de anomalías. Antes, si no tenías una pista previa, era muy difícil identificar a un ilegal.

Pero ahora se puede introducir información en una base de datos y decir: "Sabemos que los rusos tenían a alguien reclutado en Namibia. Por favor, muéstrame todos los ciudadanos sudamericanos nacidos en Namibia".

Quizá obtengas dos mil personas. Y luego puedes examinarlas relativamente rápido y concluir: "Estos parecen normales, pero hay algo sospechoso en este caso".

Creo que así es como algunos de los ilegales recientes han sido descubiertos.

¿Crees que este tipo de programa dice algo sobre la cultura o la psicología rusa?

Creo que sin duda dice algo sobre la historia rusa.

Surge de este entorno muy específico de clandestinidad revolucionaria. Y cuando observas la Rusia actual, se ha convertido en un símbolo perfecto de la idea de Vladimir Putin de que se trata de un país único, más espiritual, más entregado, menos decadente que Occidente.

Tienes a estos operativos que, aunque en realidad muchas veces llevan vidas miserables, representan algo que resulta impresionante.

Putin ha dicho varias veces que nadie más tiene espías como estos, y en gran medida, es cierto. Por eso es algo que pueden presentar como heroico.

Y si además consideras que Putin y muchas de las personas que lo rodean pertenecen a ese mundo, hombres de unos 70 años formados en la KGB, entiendes mejor por qué ocurre.

Los ilegales siempre fueron la parte más prestigiosa del KGB. Así que todo esto forma parte de la cultura de la actual élite dirigente rusa.

Y se puede decir que este programa continuará en el futuro.

Creo que sí. Como hemos comentado, se ha vuelto mucho más difícil. Con la biometría y otros avances resulta muy complicado crear nuevas identidades.

Lo cierto es que, en cada etapa, el proceso se ha vuelto más difícil y, aun así, los rusos han seguido utilizándolo. Así que estimo que continuarán haciéndolo.

El mundo de las bases de datos informatizadas ha destruido por completo una práctica clásica del espionaje.

Antes, en muchos países, un espía podía tener varios pasaportes guardados en una caja fuerte. Podía decir: "Soy un agente de la CIA que va a reunirse con un contacto en Viena. Hoy seré Dave. La próxima semana seré Mike". Simplemente elegía una identidad diferente.

Con la biometría eso es imposible, porque existen las huellas dactilares, los escáneres de iris y otros sistemas que hacen inviable cambiar constantemente de identidad.

Pero si consigues crear una sola identidad que tenga huellas reales, datos biométricos reales y la utilizas durante diez o veinte años, eso sigue siendo posible. Mucho más difícil, pero posible.

Por eso creo que, de manera extraña, el ilegal se ha vuelto más difícil de crear, pero tal vez más atractivo.