Qué papel tiene realmente la escasez de municiones en que Trump haya puesto en pausa la guerra con Irán

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- Autor, Bernd Debussman Jr
- Título del autor, Periodista en la Casa Blanca de BBC News
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 11 min
Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, subió al escenario a principios de este mes en la Cumbre de Defensa e Innovación de Pensilvania, acompañado por los directores de algunas de las mayores empresas armamentísticas del país, tenía un mensaje en mente: fabricar más armas y hacerlo más rápido.
"Tenemos la mejor calidad del mundo", le dijo Trump a los fabricantes de armas reunidos en la Escuela de Guerra del Ejército de EE.UU., con el "secretario de Guerra" Pete Hegseth a su lado. "Pero necesitamos un poco más de velocidad".
El gobierno de Trump presentó la cumbre como parte de una doble apuesta para revitalizar la industria estadounidense y reforzar las capacidades bélicas del país; en palabras de Hegseth, su "arsenal de la libertad".
Pero lo que casi no se mencionó fue el enorme gasto en armamento sofisticado y de difícil fabricación utilizado durante los casi 40 días de intensos combates en Irán durante la Operación Furia Épica de principios de este año, así como en los ataques que se han producido en represalia desde entonces.
Hasta el momento, el gobierno estadounidense dijo que la guerra ha costado US$37.500 millones y gran parte de ese monto se ha destinado a municiones.
Para cuando entró en vigor un frágil alto el fuego el 8 de abril, las fuerzas estadounidenses habían atacado más de 13.000 objetivos en todo Irán, según la Casa Blanca. Las defensas aéreas interceptaron más de 1.700 drones y misiles balísticos iraníes durante el mismo período.

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Ahora, EE.UU. ha interrumpido sus ataques contra Irán para permitir que avancen las negociaciones. Según un reportaje de The New York Times, a Trump se le aconsejó dejar de lado los planes para intensificar el conflicto para evitar que se agoten aún más las reservas de EE.UU. munición.
El lunes, Trump negó que hubiera escasez y declaró a The Wall Street Journal: "Tenemos mucha más munición que nadie en el mundo, y mucha más de la que necesitamos".
Desde hace un tiempo este es un tema delicado para el gobierno estadounidense. El mes pasado, cuando se le preguntó al respecto, Hegseth negó que los suministros estuvieran disminuyendo.
Su postura parece haber cambiado desde entonces. La semana pasada, declaró ante el Comité de Asignaciones Presupuestarías del Senado que el Pentágono necesitaba otros US$87.000 millones para hacer frente a "déficits críticos", incluido el del equipamiento.
Los datos exactos sobre el gasto en municiones y otras reservas siguen siendo información clasificada. Sin embargo, la información pública recopilada por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), con sede en Washington D.C., muestra una situación preocupante: las reservas están agotadas y, a corto plazo, son difíciles de reemplazar.
"Depende de la munición, pero el tiempo mínimo para fabricar un solo misil es de uno a cinco años", dice Mark Cancian, coronel retirado del Cuerpo de Marines y asesor principal del CSIS, quien ha estado investigando el tema. "Y no hay nada que se pueda hacer para acelerar ese proceso".
Pero ¿está EE.UU. realmente consumiendo municiones a un ritmo tan acelerado que podría tener dificultades para cumplir con sus obligaciones y objetivos militares?
Un arsenal agotado
Las municiones cruciales para la guerra se clasifican en dos categorías: los sistemas de ataque de largo alcance terrestres y los sistemas de defensa aérea y antimisiles utilizados para interceptar los ataques iraníes.
Entre los sistemas de ataque terrestre que más se usaron está el misil Tomahawk (TLAM, en inglés), que normalmente se dispara desde buques o submarinos contra objetivos que pueden estar a más de 1.609 km de distancia.
Estas armas permiten a Estados Unidos llevar a cabo ataques de precisión contra objetivos militares reforzados, como búnkeres de mando o instalaciones fortificadas, sin poner en peligro las aeronaves tripuladas.
Según estimaciones del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, durante la guerra contra Irán se han disparado más de 1.000 misiles Tomahawk, y es posible que las reservas no vuelvan a los niveles anteriores al conflicto hasta 2031.
De acuerdo con el CSIS, cada uno de los misiles TLAM, en su versión más reciente, cuesta aproximadamente US$2,6 millones.

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De los sistemas de defensa aérea, el que más se ha usado en esta guerra es el Patriot, un misil terrestre diseñado para atacar aeronaves, así como los misiles balísticos y de crucero.
Según las estimaciones del CSIS, se utilizaron hasta 1.430 durante el conflicto, de un arsenal previo a la guerra estimado en unos 2.330.
Cada interceptor Patriot cuesta unos US$4 millones, una opción costosa pero eficaz que se utilizó varias veces para derribar drones iraníes y cuyo precio oscila entre los US$20.000 y los US$50.000 por unidad.
Estos serán difíciles de reemplazar. "Se necesitan varios años para producir un misil. Aunque se invirtiera dinero hoy, no se obtendría un misil hasta dentro de tres o cuatro años. En algunos casos, incluso cinco", dice Cancian. "Lo que estamos recibiendo [ahora] son misiles que se financiaron en 2023".
También se ha utilizado un sistema más moderno y sofisticado conocido como THAAD (Terminal High Altitude Area Defense), con un mayor alcance que el antiguo Patriot y capaz de destruir misiles balísticos a mayor altitud.
Los suministros de este sistema eran ya limitados. El CSIS estimó que durante la guerra se han disparado entre 190 y 290 misiles interceptores de una reserva que se calculaba en 360 unidades.
Con solo nueve baterías THAAD operativas en el mundo, siete de ellas en EE.UU., un gasto sostenido de estos interceptores podría dejar a las fuerzas estadounidenses sin un sistema que sería crucial para defenderse ante un potencial lanzamiento de misiles balísticos desde Rusia, China o Corea del Norte.
Taiwán y el Pacífico
La guerra con Irán se estaría desarrollando justo antes de lo que se conoce como la "ventana Davidson".
La "ventana Davidson" es un término estratégico que se refiere al período estimado en el que algunos estrategas militares de EE.UU. creen que China podría intentar tomar el control de Taiwán mediante una operación militar.
Este controvertido concepto, que ocupa un lugar central en la estrategia militar estadounidense en el Pacífico, se originó a partir de una audiencia del Congreso celebrada en 2021, en la que el almirante Philip Davidson, entonces comandante de las fuerzas de EE.UU. en la región, advirtió que una invasión ocurriría "en los próximos seis años".
En 2023, el entonces director de la CIA, William Burns, predijo que China estaría lista para invadir en 2027.
China ha prometido durante mucho tiempo "reunificarse" con Taiwán, una isla con gobierno propio a la que considera una provincia separatista, y no ha descartado el uso de la fuerza para lograrlo.
La cuestión de si Estados Unidos defendería o no a Taiwán dado el caso y si entraría en guerra con China es un tema de intenso debate. A pesar de la ambigüedad, Estados Unidos suministra a la isla armamento defensivo.

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El coronel retirado Cancian se refiere a la escasez de municiones como una "ventana de vulnerabilidad", durante la cual EE.UU. "no va a disponer de la cantidad suficiente de las municiones que necesita" en caso de que estalle un conflicto en el Pacífico.
En su opinión, esto aumenta el riesgo de que las fuerzas estadounidenses no estén preparadas para enfrentarse al vasto arsenal de misiles y aviones chinos que podrían desplegarse en un conflicto en el Pacífico.
China –que según funcionarios estadounidenses ha estado estudiando de cerca las defensas aéreas de EE.UU. en la guerra contra Irán– ha invertido mucho en tecnología de misiles en los últimos años, incluidos misiles planeadores hipersónicos, mucho más sofisticados que los misiles y los drones de bajo costo utilizados por Irán.
Pekín también ha invertido fuertemente en el desarrollo de tácticas de "enjambre de drones" a gran escala.
Sin embargo, no todos consideran que el agotamiento de las reservas estadounidenses sea simplemente una desventaja.
Jacob Olidort, veterano de la CIA y exasesor de política para Medio Oriente en la Oficina del Secretario de Defensa, señala que el uso de estas armas en combate también envía un mensaje poderoso.
"Las armas crean un efecto disuasorio, no solo porque las naciones las poseen, sino también porque demuestran su voluntad de usarlas", dijo Olidort, ahora director de política de seguridad de EE.UU. en el America First Policy Institute, de tendencia conservadora.
Añade que el "éxito de EE.UU. al debilitar las capacidades militares de Irán con precisión, en tiempo récord, envían una señal a otros adversarios, incluida China y sus ambiciones".
¿Y Europa?
La aparente tensión entre armar a los aliados y preservar las reservas estadounidenses es una cuestión que ya se ha visto en el caso de Ucrania.
En octubre de 2025, meses antes de que comenzara la Operación Furia Épica, Trump se negó a entregar misiles Tomahawk a Ucrania, alegando la necesidad de evitar agotar las reservas estadounidenses.
Aquel episodio fue un anticipo de las disyuntivas que ahora configuran el debate sobre el arsenal en general tras la guerra contra Irán.
Funcionarios ucranianos dijeron que necesitan de manera urgente misiles Patriot y otros sistemas de defensa aérea para frenar la oleada tras oleada de ataques con drones y misiles rusos.
"Además del aumento de los precios de la energía, [la guerra con Irán] supone el agotamiento de las reservas estadounidenses, y también el de los fabricantes de sistemas de defensa aérea", dijo Zelensky a la BBC en marzo. "Así que nosotros [Ucrania también] sufrimos el agotamiento de nuestros recursos".

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Zelenski tradujo esa preocupación en cifras: Estados Unidos produce entre 60 y 65 misiles al mes, es decir, entre 700 y 800 al año, mientras que solo en el primer día de la Operación Furia Épica se utilizaron 803 misiles.
Sin embargo, más recientemente, Trump sorprendió a muchos funcionarios europeos al ofrecer a Ucrania el derecho a fabricar misiles Patriot en su territorio. Acuerdos similares ya existen en Alemania y Japón.
Elaine McCusker, veterana con 13 años de servicio en el Departamento de Defensa y que ahora trabaja como experta en el American Enterprise Institute, dice que la experiencia acumulada en la guerra entre Ucrania y Rusia y en la de EE.UU. e Irán podría ayudar a crear sistemas más baratos y de producción masiva que complementen los equipos de alto coste ya existentes.
"Hace tiempo que sabemos que no queremos disparar interceptores de US$6 millones contra drones de US$1.000", afirma. "Creo que ahora se presta más atención a esa solución y que cada vez más personas están enfocadas en producir sistemas de bajo costo que puedan ser reemplazados fácilmente".
Las consecuencias
A pesar de todo, hay poca preocupación a corto plazo sobre la posibilidad de que se agoten las municiones si se reanuda la guerra, no porque las reservas estadounidenses sean ilimitadas, sino porque las de Irán están en mucho peor estado.
"Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos cuentan con municiones, municiones convencionales y reservas más que suficientes para cumplir todos los objetivos estratégicos del presidente Trump, e incluso más allá de ellos. Además, la Operación Furia Épica ha demostrado lo que ocurre cuando alguien se enfrenta a Estados Unidos", afirmó la portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, en un comunicado enviado a la BBC.
"Aun así, el presidente ha instado a nuestros contratistas de defensa a que produzcan constantemente más armas fabricadas en Estados Unidos", añadió.
Los recientes ataques anunciados por el Comando Central de Estados Unidos se han centrado principalmente en debilitar la capacidad de Teherán para amenazar a los barcos en el estrecho de Ormuz, la vital ruta marítima que Irán y Estados Unidos han bloqueado.

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Las pérdidas militares de Irán han sido muy superiores a las de Estados Unidos tras sucesivas oleadas de ataques estadounidenses e israelíes, y el país tiene una capacidad extremadamente limitada para cubrir esas carencias en el corto plazo.
"Muchos análisis presentan a Irán como si dispusiera de una cantidad casi ilimitada de armamento", afirma Jason Brodsky, director de políticas de la organización United Against Nuclear Iran.
"Creo que debemos entender que existen limitaciones y que Estados Unidos ha debilitado en un grado muy significativo su base industrial de defensa", señala.
Añade que la capacidad de Irán para producir a gran escala los misiles, drones y otros sistemas de armamento que necesita ha quedado en gran medida destruida.
Según Brodsky, las reservas que aún conserva Irán se están destinando a lo que él denomina la carta en la manga de Teherán: su capacidad para amenazar el estrecho de Ormuz.
Sin embargo, en su opinión, se trata de una capacidad cada vez más debilitada. "Al régimen iraní se le está acabando el tiempo", asegura.
El conflicto actual con Irán, de intensidad relativamente contenida y manejable, constituye lo que Brodsky describe como el "centro de gravedad" de la estrategia militar estadounidense, por lo que tiene prioridad inmediata para Washington, incluso aunque los funcionarios reconozcan que sería "irresponsable" ignorar el panorama más amplio de las reservas de armamento.
"La amenaza en el Indopacífico es más lejana por ahora", señala. "Los responsables políticos tienen que establecer prioridades, y en este momento Oriente Medio es donde está centrada la atención del presidente".
Por ahora, cada misil disparado contra un objetivo iraní, enviado al frente en Ucrania o reservado para una eventual crisis en torno a Taiwán procede de unas reservas que se han ido reduciendo de forma constante.
Aun así, Washington apuesta por poder superar este conflicto mientras ajusta su capacidad de producción.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.

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