Por qué Marilyn Monroe es quizás el ícono más incomprendido y cómo llegó a significar tanto para mí

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Basta con mirar la cantidad de exposiciones, documentales y homenajes organizados estos días por el centenario de Marilyn Monroe para entender lo vigente que sigue siendo su figura.
La icónica estrella de Hollywood habría cumplido 100 años este 1 de junio y son muchos los fans que quieren celebrarlo.
No deja de ser sorprendente que una artista que brilló en una era sin internet ni redes sociales, que murió hace más de 60 años, y cuyas películas rara vez se exhiben en salas de cine o plataformas siga siendo tan relevante.
"Creo que hay una clave y es que simboliza una era perdida de Hollywood de glamur y estrellato", le dice a BBC Mundo Lucy Bolton, profesora de Filosofía del cine en la Queen Mary University of London.
"Ya no hay estrellas como ella, por muchas razones. La suya es una imagen individual extremadamente fuerte".
"A otras estrellas como Elizabeth Taylor o Ava Gardner se las asocia de una u otra forma con otros actores famosos, Frank Sinatra. Richard Burton… pero Marilyn, sí, se casó tres veces -la primera muy joven con un chico común y corriente, luego con la estrella de béisbol y después con la estrella literaria- pero no se la conoce por ellos, sino por su extraordinaria imagen", , señala Bolton.
Una imagen que a menudo ha sido distorsionada y que apenas en los últimos años ha empezado a emerger con otro significado.

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Una conexión inesperada
¿Por qué la cultura popular siempre se equivoca con Marilyn Monroe?, planteaba en una nota de la BBC en 2022 la escritora y productora creativa Anna Bogutskaya a raíz del estreno de la película Blonde interpretada por Ana de Armas.
Fue una pregunta con la que me sentí muy identificada, después de haber pasado gran parte de mi vida analizando y compartiendo con quien quisiera escucharme las complejidades de un mito generalmente caracterizado como un símbolo sexual atormentado por el peso de la fama.
En esas conversaciones me resultaba díficil explicar cómo surgió mi interés por una actriz a la que nunca conocí, que era de otra época y cuyas películas no eran precisamente las favoritas en mi casa.
Fue extraño —lo admito— que una niña de apenas 10 años en los años 80 quisiera saber más sobre una estrella de Hollywood que para entonces llevaba dos décadas muerta y que, además, no despertaba una devoción especial en la gente de mi entorno.

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Todo empezó cuando, en un campamento de verano, alguien se disfrazó de Marilyn Monroe e, imitando su voz, dijo que su muerte no fue un suicidio.
Era solo una actuación, pero yo era una niña impresionable y, a partir de ese momento, quise averiguar qué había pasado.
Mis padres no entendían qué había pasado en el campamento para que yo regresara con todas esas preguntas, pero tampoco me juzgaron, imagino que pensarían que era algo pasajero.
Me lancé a ver sus películas, a buscar sus entrevistas, a leer biografías y cualquier reflexión suya que cayera en mis manos.
Me impresionaba esa tristeza que asomaba en algunas fotos, incluso en aquellas en las que sonreía.
Y de alguna manera también pienso que me veía reflejada en ella: por fuera se me veía alegre y sin preocupaciones, pero por dentro estaba llena de temores y peleas que no podía compartir, o al menos no sabía cómo hacerlo.

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Con el tiempo he aprendido que una de las razones por las que perdura el hechizo de Marilyn Monroe es que a mucha gente le ocurre lo mismo, se identifican con ella.
"Organicé un día de estudio sobre Marilyn en el British Film Institute hace unos años", cuenta la profesora Lucy Bolton.
"Era un día abrasador de julio y el cine estaba lleno de gente que quería hablar de Marilyn. No proyectábamos películas, era un día de estudio sobre su figura. Hice un pequeño cuestionario, con unas preguntas tipo 'por qué estás aquí, por qué te encanta Marilyn, etc'. Las respuestas fueron increíbles", dice.
"La mayoría decía: era brillante, fue una gran comediante, la más bella de todos los tiempos, pero otras respuestas eran realmente personales: 'tenía endometriosis, como yo', 'perdió bebés y yo también', 'fue abusada sexualmente, yo también lo fui'… los puntos de conexión eran muy fuertes", resalta Bolton.
"Marilyn tenía problemas para que la tomaran en serio y creo que eso nos pasa a todos. Estaba muy adelantada a su tiempo y eso ahora se aprecia más".
Una visión superficial

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Durante décadas se presentó a Marilyn Monroe como una actriz problemática que llegaba tarde a los rodajes, que interpretaba mujeres exuberantes sin mucho cerebro y que fracasaba en las relaciones sentimentales.
Se escribían reportajes sobre su infancia desgraciada, su temor a heredar los problemas de salud mental de su madre o su vacío por la falta de una figura paterna que, decían, intentaba suplir con sus distintos romances.
"Definitivamente Marilyn atraviesa muchas narrativas, pero a menudo se la conoce (o se la ha conocido) como víctima: víctima de los hombres, de los Kennedy, la mafia, de jefes de la industria como Darryl Zanuck, víctima de los estudios, víctima de los medicamentos, las adicciones, el alcohol", expone Bolton.
De alguna manera, esta percepción caló en la propia Monroe que, en su última entrevista concedida a la revista Life poco antes de su muerte, le dijo al periodista: "Por favor, no me hagas quedar como un chiste".
Sin embargo, en los últimos años parece haber surgido un esfuerzo por ir más allá y reconocer muchos de sus talentos.
Una nueva Marilyn
"Cada vez se la ve más como una rebelde, como alguien que quería romper con los estudios, esculpir su propia carrera, tomar sus propias decisiones", apunta Bolton.
"Fue una de las primeras mujeres en tener una productora propia, estaba muy involucrada en la creación y la curación de su imagen, su maquillaje, sabía exactamente cómo quería lucir, qué quería vestir, no se dejaba dictar por la moda, ni por los estudios, por sus esposos o nadie".
Es algo que yo misma he percibido en mi pequeño mundo. Las semblanzas y biografías que leí aquellos primeros años, los 80 y los 90, eran trágicas y a menudo paternalistas.
Ahora es diferente. Incluso en mi entorno poco interesado de aquellos años noto que hay una aproximación diferente. Ya no me miran con extrañeza.

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Para la profesora Lucy Bolton, el cambio en la mirada se produjo sobre todo a partir del lanzamiento del libro Fragments (2012), una suerte de archivo personal de poemas, notas íntimas y cartas de la actriz.
"Vimos sus escritos. Escribía en todas partes, en papel de hotel, en diarios, cuadernos… constantemente quería mejorar. También creo que quizás la bajada del interés en el cine y en las estrellas ha permitido que su personalidad pase al frente", opina.
"Hay un fuerte impulso de los fans, de académicos, de las redes sociales por intentar hacer más justicia con estas mujeres que son reducidas a estereotipos simplistas. Creo que su inteligencia y complejidad son ahora más interesantes para la gente", añade.

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La imagen de fragilidad que transmite en algunas de sus escenas y que se prolongó durante tanto tiempo fuera de las pantallas parece estar dejando paso a la de una mujer sin miedo que se implicaba políticamente, defendía los derechos civiles y no parecía tener demasiado apego por lo material.
"Era una pensadora progresista y creo que lo que no podía soportar era la hipocresía. Y sí, su vida fue dura, por supuesto tenía el historial de salud mental en su familia, la industria fue muy dura con ella, lidió con adicciones y con médicos poco fiables que le dieron muchas pastillas", reconoce la profesora de la Queen Mary University of London.
"Muchos hombres que la rodeaban no miraban por ella y aun así mira el trabajo que hizo, lo que ha perdurado… debe haber sido una persona con mucha fuerza para ser tan memorable".

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Reconozco que yo tardé tiempo en salir de la dinámica de la "compasión" para descubrir a esa Marilyn fuerte y valiente.
La que dio la cara por los suyos sin importarle cómo pudiera afectar eso a su carrera. La que devoraba libros y se implicaba en la actualidad política del momento.
La que mantenía largas relaciones de amistad. La que siguió queriendo aprender y conocerse a sí misma.
La que ahora cumple 100 años convertida en un fenómeno global sin visos de desaparecer.

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